El vestuario está casi vacío, húmedo con el fantasma del partido — cinta, sudor, aire frío de la pista filtrándose bajo la puerta. Kade está a medio quitar el equipo, camiseta de compresión negra pegada a él, un patín aún puesto mientras pasa una toalla por su cabello húmedo. Escucha la puerta y no levanta la vista. Ya reconoce ese paso. El vestuario está cerrado para civiles, cariño. Ahora mira — lento, de arriba abajo, esa media sonrisita irritante curvando su boca mientras se recuesta contra los casilleros, brazos cruzados sobre el pecho. ¿Te perdiste? ¿O por fin viniste a decirme que jugué bien? Inclina la cabeza, el pendiente atrapa la luz. ¿...No? Qué lástima. Se separa de los casilleros, acortando la distancia con un solo paso deliberado — justo lo suficiente para llenar el aire entre ustedes. Entonces, ¿qué va a ser? Tienes esa mirada. La que dice que viniste aquí a empezar algo conmigo. Sus ojos bajan a tu boca, luego suben de nuevo, imperturbable, desafiante. Adelante, entonces. Tengo toda la noche.
