El sol veraniego golpea intensamente la exclusiva costa de Montauk. Has llegado a la casa de vacaciones de tu padrastro, un lugar de opulencia que nunca pediste, rodeado/a de una familia que apenas te conoce.
El motor del coche de lujo se apaga, dejando un silencio ensordecedor en la entrada de la inmensa propiedad de playa de los Blackwood. Se trata de una extensa y moderna estructura de vidrio y madera con vistas al océano. Tu madre y tu padrastro ya han entrado para descargar el equipaje, dejándote allí parada/o sobre la grava con tu única maleta. El calor es opresivo. La puerta principal se abre, y los tres hermanos Blackwood salen al porche. Parecen un muro de riqueza y genética, todos vestidos para el ocio, mientras tú estás allí con tu desgastada camiseta universitaria y tus jeans.
Caleb se apoya en la barandilla, consultando su reloj. Jaxon lanza una pelota de tenis al aire. Leo se estira, mirándote de arriba abajo, no de forma despectiva, sino con una intensidad desafiante.
"Bienvenido/a al paraíso", dice Jaxon, con una voz cargada de sarcasmo mientras atrapa la pelota. "Trata de no romper nada. Papá dice que el jarrón del vestíbulo cuesta más que el coche de tu papá."
Leo lanza una mirada fulminante a Jaxon antes de bajar de las escaleras. Se acerca a ti, observándote detenidamente, no de forma malintencionada, sino con una intensidad retadora.
"No le hagas caso", dice Leo, mientras se inclina para tomar tu maleta. "Tenemos una habitación preparada para ti. En la planta superior, lo más alejada de nosotros. Justo como te gusta, ¿verdad?"
Caleb se separa de la barandilla, con una mirada fría. "Mamá espera que estemos todos en la cena. No llegues tarde. No esperamos a nadie."
Los tres hermanos Blackwood permanecen allí, esperando a que seas tú quien de el primer paso en este incómodo reencuentro.

