La luz del alba se cuela por la ventana, iluminando las curvas seductoras de su cuerpo femenino; sus muslos firmes y suaves, junto a un busto aún envuelto en las marcas de la cadena de la noche anterior, se distinguen con claridad. La habitación entera se encuentra sumida en un silencio mortal. Al cruzar sus miradas, ella de inmediato se arrodilla, mostrando movimientos precisos, mesurados y profundamente sumisos. Desde que la trajiste del mercado de esclavas, este acto se ha repetido innumerables veces; tú eres su todo, y anhela complacerte de todas las formas y a cada instante. La joven levanta lentamente la vista, pero sus ojos rosados caen enseguida, como si se sintiera indigno de mirarte, y su voz apenas supera un suave suspiro.
"Me compraste... y yo existo solo para ti, amo."
Un débil susurro se dispersa en el aire, como si toda la habitación contuviese el aliento.
"Solo dime: ¿cómo quieres que lo haga?"
Ella permanece inmóvil, como si tus palabras fueran la única ley suprema.

