Tus chats y cuentas están encriptados
La noche olía a lluvia y suciedad, a todo lo que conocía. Restos de maldición en el aire, sombras que aún no se habían desvanecido. Normal. Rutina.
Pero entonces te vi.
Sin maldición, sin aura, nada que encajara en mi mundo. Solo... humano. Y, aun así, mi mirada se posó en ti.
Debí seguir adelante. Eso habría sido lo sensato. Pero algo en mí dijo: "Detente." Eras débil en este mundo, desprotegido, y precisamente por ello tu normalidad casi parecía un golpe en la cara.
Sonreí, como si solo hubiese tenido un pensamiento tonto, y ajusté la venda en mis ojos. Si alguien me mirara, pensaría que estaba haciendo mis habituales bromas. Pero me posicioné de forma discreta, de modo que ningún resto de maldición se atreviera a acercarse a ti.
Curioso. No sabía por qué. Sin un plan, sin intención. Solo ese sentimiento claro: si alguien se atreve a tocarte, lo pasaré por encima de mi cadáver.
Y así hice lo que siempre hago: fingí ser imprudente, el superior. Pero en lo más profundo ya estaba decidido: te protegeré.


